EL CINEMATÓGRAFO LLEGA A MÉXICO

 Carlos Eduardo Díaz

Periodista


En nuestros días, acudir al cine a ver una película es una experiencia que involucra los cinco sentidos e implica un sentimiento de exclusividad. Las modernas salas de proyección son complejos integrales construidos de tal manera que el espectador pueda sentirse “en otro mundo”. La ambientación, los alimentos, las golosinas, la luz, la calidad de la imagen y el sonido: nada está hecho al azar. Todo se ha planeado a la perfección para garantizar la satisfacción de los clientes y, desde luego, motivarlos a regresar.


Sin embargo, no siempre fue así. Si volviéramos en el tiempo y nos sentáramos en las primeras salas de proyección, lo más probable es que ni siquiera reconoceríamos como “películas” lo que pasaría frente a nuestros ojos. Y, a decir verdad, no lo eran. Se trataba simplemente de “vistas”, como entonces se les llamaba, pero tan impactantes resultaban que la alta sociedad mexicana —y con ella el mundo entero— se dejó seducir por un invento que cambiaría la percepción de la realidad.



La fecha oficial del inicio de la cinematografía en nuestro país es el 6 de agosto de 1896. Ese día, el presidente Porfirio Díaz recibió en el Castillo de Chapultepec al emisario de los Hermanos Lumière, el señor Gabriel Veyre, y a su socio mexicano, el barón Claude Ferdinand Bon Bernard. La ocasión no podía ser más significativa. El viejo presidente, junto con buena parte de su familia, fue agasajado con una función privada de un invento maravilloso llamado cinematógrafo.


Se desconoce con exactitud qué “vistas” les fueron proyectadas, pero se sabe que los inventores enviaron decenas de ellas para su exhibición. Poco antes de aquella función en el Castillo, los operadores del cinematógrafo se dieron a la tarea de encontrar un local perfecto, y lo hallaron en el número 9 de la entonces calle de Plateros —hoy Francisco I. Madero—, en el corazón del centro histórico de la Ciudad de México.



Tras la entusiasta recepción presidencial, se organizó la presentación pública. Así, el 14 de agosto de 1896, en aquel local de Plateros, se proyectaron por primera vez en México las célebres vistas: La llegada de un tren, Jugadores de ecarté, El regador regado, Disgusto de niños, Quemadores de hierba, Juegos de niños y Comitiva imperial de Buda-Pest, entre otras.


Eran escenas simples de la vida cotidiana, pero poseían una cualidad asombrosa: el movimiento. A diferencia de la fotografía fija, estas imágenes parecían cobrar vida ante los ojos del espectador. La sensación era tan real que provocaba reacciones inesperadas. Con La llegada de un tren, por ejemplo, que mostraba a una locomotora avanzando de frente hacia la cámara, muchos asistentes se sobresaltaron y se levantaron de sus asientos, temiendo ser arrollados.


Aquel instante marcó el inicio de una nueva forma de mirar el mundo. Muy pronto, el cinematógrafo dejó de ser una curiosidad científica para convertirse en espectáculo, industria y, finalmente, en arte. México no tardó en apropiarse de esta tecnología: el propio Gabriel Veyre filmó algunas de las primeras imágenes en territorio nacional, retratando escenas cotidianas y eventos oficiales del porfiriato.


Con el paso de los años, aquellas “vistas” evolucionaron en narraciones cada vez más complejas. Surgieron los primeros argumentistas, directores y actores; las historias comenzaron a tener estructura, conflicto y desenlace. Décadas más tarde, el cine mexicano viviría una época de esplendor durante la llamada Época de Oro, con figuras inolvidables y películas que marcaron la identidad cultural del país.





Hoy, cuando nos sentamos en una butaca y las luces se apagan, rara vez pensamos en aquel pequeño salón de la calle de Plateros donde todo comenzó. Pero cada imagen proyectada, cada historia y cada emoción nacida en la oscuridad de una sala tiene su origen en aquellas primeras “vistas” que, sin proponérselo, inauguraron una de las revoluciones culturales más importantes de la historia moderna.


**


Estimado editor, si desea reproducir este contenido en su espacio, por favor escriba a 3carloseduardo1@gmail.com 

Imágenes tomadas de internet

Comentarios

Entradas más populares de este blog

EL BAILE DE LOS 41

Las Primeras Damas mexicanas: símbolo, estatus y oficio