26 años sin Jaime Sabines

Por Carlos Eduardo Díaz 

Periodista 


El 19 de marzo de 2025 se cumplieron 26 años de la muerte del poeta Jaime Sabines. Es difícil procesarlo.

Lo recuerdo bien. Hace un cuarto de siglo yo trabajaba en el semanario Claridades; un pequeño periódico en el cual, curiosamente, Sabines había escrito en algunas ocasiones años atrás. Ya tenía lista mi siguiente colaboración, que trataba de algún tema político, que es sobre lo que entonces escribía.

Sin embargo, cuando escuché la terrible noticia, corrí de nuevo a mi máquina de escribir (en aquellos años aún utilizaba mi vieja Olivetti y enviaba mis colaboraciones por fax) y cambié mi columna.
Sabía bien el peso que tendría esta noticia, no solo porque yo, en lo personal, me asumía como un irremediable miembro del club de los amorosos, sino porque me constaba la trascendencia de Sabines en la cultura mexicana.
Aún estaba fresca la memoria de su recital en Bellas Artes, en 1996, cuando el poeta chiapaneco se atrevió no solamente a abarrotar el recinto, sino también la explanada exterior. Las sillas llenas y la gente de pie, escuchando, recitando en tiempo real los poemas que sabía de memoria.
Jaime Sabines, a diferencia de la mayor parte de los poetas, tenía lectores, pero también escuchas (don Jaime tenía una extraordinaria y envidiable habilidad para leer su obra) y un público cautivo que se había apoderado de sus poemas para su uso personal.
A Sabines lo había escuchado, en boca de declamadores profesionales e improvisados amantes, en casas de la cultura, librerías y foros abiertos; con frecuencia, un nutrido grupo de jóvenes se reunían a leer sus poemas en el foro Quirino Mendoza, del recordado museo Dolores Olmedo, y coincidir con ellos era siempre una delicia. También era común encontrárselo en parques públicos, en los puestos de libros de viejo de tianguis y mercados, y hasta en el Metro de la Ciudad de México.
Por eso entendí que no solamente su muerte tendría resonancia, sino que su figura y, más importante, su obra, seguirían vigentes durante muchos años más.
No importa lo que digan quienes han querido arrebatarle méritos a su legado. Los malos comentarios de hoy son exactamente los mismos de hace 25 o 45 años. Nada de esto importa. Sabines siempre se mantuvo lejos de las cortes y le dio por habitar entre la gente común y corriente. Ese es su secreto. En ese lugar, junto a la gente que camina todos los días hacia su trabajo, llena de costumbres y de hastío, es donde su poesía vivía y se multiplicaba, y es en ese lugar, exactamente, en donde sigue vigente.

Andar por las calles, viajando de boca en boca, es un privilegio reservado para pocos. Para Jaime Sabines, por ejemplo.


* Fotografía tomada de internet


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