Tenochtitlan, 700 años
Por Carlos Eduardo Díaz
Periodista
El pasado 13 de marzo se cumplieron 700 años de la fundación
de la ciudad de México-Tenochtitlan.
Cierto, no existe un consenso definitivo acerca de esta fecha
y es prácticamente imposible establecerla con seguridad, sin embargo, gran
parte de los estudios realizados por diversos especialistas así lo indican: la
fabulosa urbe comenzó su existencia en 1325, cuando ocurrió un eclipse solar
que fue visible en la región central del país.
Siglos atrás, los aztecas vivían en algún lugar ubicado en
los territorios del norte llamado Chicomoztoc (Lugar de las siete cuevas) o
Aztlán (Lugar de garzas), un sitio místico que no ha sido localizado
geográficamente; hay quien opina que se encontraba en Guanajuato o en Nayarit, en
Sinaloa, Sonora, Nuevo México, California o, incluso, más al norte. Dado que en
aquel lugar eran esclavos, su dios Huitzilopochtli les ordenó –al igual que lo
hizo Yahvé con los judíos– salir de esas tierras y peregrinar hasta encontrar
la tierra que les tenía reservada, misma que reconocerían gracias a una señal:
un águila parada en un nopal. Más adelante, el mito se fue enriqueciendo, pues
se le agregó el que el águila estaría devorando aves de plumajes hermosos y,
finalmente, una serpiente. Esta última versión dio origen a nuestro actual
escudo nacional.
Los cálculos y los simbolismos estiman que la salida de
Aztlán ocurrió en el 1115. Si consideramos que la fundación de Tenochtitlan se
dio en 1325, hablamos de un peregrinaje de 210 años o de cuatro periodos de 52
años. Cada 52 años los mexicas realizaban una ceremonia del Fuego Nuevo, que
simbolizaba el final, pero también el inicio de una era en la que podía
terminar la vida o incluso el mundo. La finalidad de la ceremonia era
precisamente que esto no sucediera.
Durante la peregrinación, Huitzilopochtli (el Colibrí del
Sur o Colibrí zurdo) les indicó que dejarían de llamarse aztecas para
convertirse en mexicas.
Pues bien, después de toda la odisea, de asentarse en
distintos lugares del actual territorio nacional, y cuando prácticamente
salieron huyendo de Chapultepec (donde habían permanecido cerca de 50 años),
encontraron la esperada señal en un islote lodoso que se encontraba en el lago
de Texcoco.
Sobra decir que el águila posada en un nopal, más que un
hecho real que observaron con sus pr
opios ojos, se trata de una metáfora. El
águila simboliza al Sol, al tlatoani (emperador) y al pueblo mexica en general.
Al estar posada en un nopal espinudo se convierte en una alegoría de la victoria
(el águila) que sucede a pesar de las dificultades (las espinas). En efecto, cuando
los mexicas afirmaban que construyeron su templo precisamente en el lugar en
donde hallaron la señal que Huitzilopochtli les ofreció (en un islote lodoso rodeado
de cañales), fue la manera de legitimar su estancia en aquel sitio.
Contra todos los pronósticos, y a pesar de que llegaron humillados,
pobres y malqueridos, en poco tiempo (tal vez porque tenían la seguridad de que
Huitzilopochtli así lo había previsto) los mexicas agrandaron el islote, engrandecieron
su templo y se convirtieron en la cabeza de un fabuloso imperio que dominó
prácticamente toda Mesoamérica.
Al igual que sucedió con Roma y con Jerusalén, Tenochtitlan
fue fundada por mandato divino. Uno de los sacerdotes sentenció, a manera de
profecía: “En tanto permanezca el mundo, durará la fama y la gloria de
México-Tenochtitlan”.
Hasta hoy se ha cumplido.
* Imagen: La gran ciudad de Tenochtitlan (1945). Mural de Diego Rivera

Wow… excelente!
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