Adolf Hitler y Eva Braun: la obsesión, la pasión y la muerte
Carlos Eduardo Díaz
Periodista
Aunque no todos, buena parte de
los dictadores más infames de la historia han tenido un corazón… aunque a veces
muy escondido. La crueldad que han mostrado al gobernar no corresponde, desde
luego, con la noción clásica que tenemos sobre el amor.
Las relaciones de los dictadores
y de los tiranos suelen ser apasionadas, complicadas y, no pocas veces, en
extremo trágicas.
Uno de los ejemplos más emblemáticos
es el de Adolf Hitler y Eva Braun, que bien podría titularse como “La pasión que
germinó a la sombra de un búnker”.
Nacida el 6 de febrero de 1912,
Eva Braun jamás podría considerarse el prototipo del enamoramiento color de
rosa, la prueba es que, según sus biógrafos, intentó suicidarse al menos en dos
ocasiones al comienzo de su relación.
Eva y Adolf se conocieron en
octubre de 1929, cuando ella trabajaba como asistente y modelo de Heinrich
Hoffman, fotógrafo oficial del partido nazi. Ella tenía 17 y él, 40. Dos años
más tarde comenzaron a verse con regularidad y en algún punto sin especificar
empezaron a vivir una relación clandestina. ¿Qué tan secreto era su amor? Baste
decir que la mayor parte de los alemanes se enteraron de este amorío hasta el
final de la guerra.
Al momento de su primer
encuentro, Hitler estaba involucrado en una relación enfermiza con una joven
llamada Ángela María Raubal, a quien apodaba “Geli”, quien no solo era 19 años
más joven que él, sino también su sobrina. De los 17 a los 23 años, Geli vivió presa de un vínculo perverso. Décadas después, distintos jerarcas nazis se refirieron
a la joven, pero todos ellos tenían una opinión diametralmente distinta.
Mientras algunos afirmaban que Geli se aprovechaba de Hitler, lo manipulaba e incluso le era infiel con varios hombres,
otros opinaban que la mujer sufría un cautiverio no solo físico, sino también mental a causa de los violentos celos de su amante. Un último grupo, en tono compasivo, recordaba la desesperación de la mujer porque era
obligada a realizar “cosas simplemente repugnantes" en el terreno sexual.
Finalmente, el 18 de septiembre
de 1931, mientras que Hitler se encontraba en una reunión en Núremberg, Geli
tomó la pistola Walther de su tío y se disparó en un pulmón.
A raíz de esta tragedia, Hitler
se refugió en Eva Braun.
Tal vez como una mera
coincidencia, un año después, entre el 10 y el 11 de agosto, Eva intentó
suicidarse disparándose en el pecho con la pistola de su padre. En 1935 lo
intentaría de nuevo, esta vez, al ingerir una fuerte dosis de pastillas. Hay
quienes han especulado que este par de acciones las cometió no para encontrar
la muerte, sino como una forma desesperada de llamar la atención.
Para 1936, Braun ya formaba parte
del círculo íntimo de Hitler. Vivía en la residencia del Berghof, cerca de
Berchtesgaden, donde, en medio de exquisitos lujos, transcurrió gran parte de
la guerra, alejada de las bombas y de las batallas. A pesar de todo, ella
misma, gracias a lo que aprendió de Hoffman, fue la autora de gran parte de las
fotos y cortometrajes a color que se conservan de Hitler.
En enero de 1933, el presidente
Paul von Hindenburg nombró a Hitler canciller de Alemania. Un mes después, tras
el incendio del Reichstag, Hitler acusó a los comunistas y solicitó poderes de
emergencia. La Ley Habilitante le permitió gobernar sin control parlamentario.
Finalmente, luego de que fueron prohibidos los partidos políticos, los sindicatos
y de que fueron eliminadas las libertades civiles, Hindenburg falleció en 1934.
Hitler se autoproclamó Führer (líder supremo) y fusionó los poderes de jefe de
Estado y de Gobierno. Cinco años después, Alemania invadió Polonia, lo cual
desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
Para entonces, Eva tenía unos
meses de comenzar a aparecer en eventos públicos. Durante su aislada vida en Berghof,
Braun se dedicaba a escribir. Los especialistas han descubierto en sus diarios
un tono profundamente melancólico.
Aunque amaba a Hitler hasta el extremo
de idolatrarlo, se sentía incompleta al reconocer su papel secundario en la
vida del dictador. Uno de sus dolores más grandes fue el hecho de que su
hermana Gretl se casara con Hermann Fegelein, general de las SS. Verla pasar de
novia a esposa, mientras que ella permanecía en calidad de amante, fue
demasiado.
Transcurrida la guerra, y viendo
que todo estaba perdido, Eva Braun pidió ser trasladada a Berlín para estar al
lado de Hitler en el Führerbunker, situado bajo la Cancillería del Reich.
Mientras las tropas del Ejército
Rojo se acercaban irremediablemente, la pareja contrajo matrimonio el 29 de
abril de 1945.
Se trató de una breve ceremonia
civil. Ella tenía 33 años y él 56.
Su matrimonio duró cuarenta horas
nada más.
Ambos decidieron suicidarse
dentro del búnker.
Eva ingirió una cápsula de ácido
prúsico, también conocido como cianuro.
Por su parte, el Führer se disparó
en la sien y al parecer también ingirió cianuro.
Para evitar que sus cuerpos
fueran capturados por los soldados soviéticos y sus cadáveres fueran exhibidos
como trofeos, como había sucedido con Mussolini días antes, Hitler ordenó que
los incineraran.
El 27 de abril, en Italia, Benito
Mussolini intentaba huir a Suiza disfrazado de soldado alemán. Con él iba su
amante, Clara Petacci. Sin embargo, un grupo de partisanos (resistencia
antifascista) los reconoció, los arrestó y, al día siguiente, por órdenes del
Comité de Liberación Nacional de Italia, los ejecutó.
Al momento de ser fusilados,
Clara intentó proteger a Mussolini; lo abrazó para cubrirle los disparos.
Los cuerpos fueron llevados a
Milán y colgados boca abajo en una gasolinera de la Plaza de Loreto, exactamente
en el mismo lugar donde, un año antes, los nazis y los fascistas habían colgado
a partisanos italianos.
Los cadáveres fueron apedreados,
escupidos, desfigurados y mutilados por la multitud.
Sabedor de todo esto, la orden de
Hitler fue clara y sus asistentes obedecieron: envolvieron los cuerpos en
mantas, los sacaron al jardín de la Cancillería y, en medio de los bombardeos y
disparos, los rociaron con gasolina. Al final, les prendieron fuego.
Cuando los soviéticos tomaron el
lugar, solamente encontraron restos calcinados que no servían para ser
identificados. A pesar de todo, los servicios de inteligencia recogieron todo
lo que encontraron. Durante años, la Unión Soviética se negó a revelar
información precisa sobre lo que habían recuperado.
Décadas después, se dijo que los
restos de Hitler y Eva Braun, más los de Joseph Goebbels, quien también terminó
con su vida junto con la pareja, fueron totalmente incinerados y arrojados a un
indeterminado río alemán. Lo que menos querían los soviéticos era que se creara
un lugar de culto y peregrinación.
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