De cuando Pancho Villa atacó Columbus
Carlos Eduardo Díaz
Periodista
El 9 de marzo de 1916 sucedió la batalla de
Columbus, también llamada Invasión de Pancho Villa a los Estados Unidos. Se trata de aquel enfrentamiento entre tropas villistas y un
destacamento de caballería del ejército estadounidense, el cual tuvo lugar en
el estado de Nuevo México.
La importancia histórica de este suceso es múltiple, pero
tal vez su relevancia principal sea que, desde la guerra de independencia de
aquel país (1775-1783), y con excepción de la breve guerra anglo-estadounidense
de 1812, ningún ejército extranjero había ingresado a su territorio para
atacarlos. Al mismo tiempo, fue la primera vez en que un ejército o grupo de
hombres armados y organizados de origen latinoamericano atacó su territorio.
Pues bien, aunque las acciones sucedieron durante la madrugada
del 9 de marzo, los antecedentes del ataque se remontan a varios meses atrás,
cuando el entonces presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, hizo algo
que marcó el rumbo de la revolución mexicana: reconoció a Venustiano Carranza
como presidente.
El río estaba revuelto. Victoriano Huerta había tomado el
poder tras la Decena Trágica, los viejos revolucionarios se habían vuelto a
levantar en armas, otros más apoyaron a Huerta, diversos caciques se creían
merecedores de la Silla Presidencial, marinos de los Estados Unidos
desembarcaron en Tampico, ocuparon el Puerto de Veracruz, Huerta renunció a la
Presidencia y partió al exilio, una serie de políticos menores ocuparon
alternadamente la Presidencia durante breves e inestables meses… En fin.
Tiempos complicados.
Lo cierto es que los Estados Unidos reconocieron a Carranza
como presidente de facto luego de que don Venustiano tomó la Ciudad de México
en 1915. Juan Barragán, revolucionario y cronista que fue testigo de aquellos
hechos, consignó que “Estaba señalado por el destino que […] recibiera el
Primer Jefe [Carranza) la noticia de uno de sus más resonantes triunfos
diplomáticos: el reconocimiento, como Gobierno de ‘Facto’ […] El Gobierno de la
Revolución […] tenía el sello de la legalidad que le imprimía el pueblo
mexicano”.
Para que no quedara duda, los acorazados estadounidenses que
se encontraban anclados en distintos puertos mexicanos dispararon veintiún
cañonazos de salva como saludo. Días después, Wilson decretó el embargo
de armas a México, con excepción de las destinadas al gobierno de Venustiano
Carranza. Una versión muy difundida asegura que Wilson reconoció a Carranza
porque le recordaba a Moisés, el héroe del éxodo judío.
Semanas más tarde ocurrió la Batalla de Agua Prieta, en
Sonora, que a la postre sería la última gran batalla de la revolución, marcaría
el final de la División del Norte y obligaría a Villa a marchar en la
clandestinidad.
Esto sucedió entre el 1 y el 4 de noviembre de 1915.
Mientras se encaminaba hacia Sonora, el famoso “Centauro del Norte” se enteró
del reconocimiento de Carranza por parte de los Estados Unidos, y entendió lo
que esto significaba. Al llegar, sin embargo, lo comprobó, pues encontró una
ciudad verdaderamente fortificada, trincheras bien armadas con sus respectivos
pedestales para colocar las ametralladoras, red telefónica, agua potable y
almacén de alimentos, además de que todos los ancianos, mujeres y niños habían
sido trasladados a Arizona para su protección. En aquella ciudad fronteriza,
además, estaban listos dos hospitales con sus respectivos bancos de sangre. Dos
últimas sorpresas fueron la perdición villista: la primera, que tres faros gigantes
alumbraron, desde los Estados Unidos, la oscuridad para ayudar a repeler el
ataque nocturno de las tropas de Villa, y que Álvaro Obregón ingresó a la
ciudad al mando de 500 jinetes por un flanco que no esperaban: sí, desde los
Estados Unidos.
Pero no sólo este golpe recibió don Francisco por parte de
los vecinos del norte. Por órdenes del propio Wilson, más de doce millones de
balas 7 x 57 Mauser (que, en el marco de la Primera Guerra Mundial, el káiser
Guillermo II le había regalado al exiliado Victoriano Huerta con tal de que
reasumiera el poder y lo favoreciera con petróleo) fueron incautadas por los
Estados Unidos. Luego de ser inutilizadas, las balas le fueron entregadas al
principal proveedor de armamento de Villa, Samuel Ravel, con una orden muy
clara: debía vendérselas exclusiva y rápidamente al mexicano. Y así lo hizo.
Las balas saboteadas fueron utilizadas por los villistas en
la Batalla de Celaya, la cual significó una tragedia definitiva para el
Centauro, pues perdió a la mayor parte de su ejército.
Cuando Villa envió a sus hombres a reclamarle a Ravel, obtuvo
una respuesta que no esperaba: el traficante de armas le mandó decir que ya no
tendría tratos con él. En pocas palabras, no haría tratos con bandidos
mexicanos. Así es, de cliente consentido, Francisco Villa había pasado a ser bandido.
Ante estos hechos, la cólera de Villa se disparó y se
propuso atacar. Antes del amanecer del 9 de marzo de 1916, el caudillo, junto
con 589 efectivos de su ejército, invadió el territorio estadounidense y atacó
el pueblo de Columbus.
Las bajas fueron numerosas en ambos bandos, sin embargo, el
pequeño poblado fue devastado. Los villistas capturaron 80 caballos, 30 mulas y
300 fusiles; incendiaron un hotel desde donde algunos civiles les disparaban, y
mataron a ocho militares estadounidenses y a diez civiles.
Los mexicanos buscaron casa por casa a Samuel Ravel, pero no
lo encontraron porque el día anterior se había trasladado a El Paso, Texas, por
culpa de un dolor de muelas. Sin embargo, encontraron a dos de sus hermanos. Al
menor de ellos lo dejaron en libertad. Pero el mayor fue llevado a Chihuahua,
donde lo fusilaron.
Ahora bien, ¿por qué Villa atacó precisamente Columbus?
Porque entre la enorme casa de Ravel, su tienda y su hotel, abarcaban
prácticamente la mitad de aquel pueblo.
El general John J. Pershing fue comisionado para atrapar a
Villa en territorio mexicano, pero después de once meses de inútil búsqueda,
regresó a su país con las manos vacías.
* Imágenes tomadas de internet
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