Las luces y las sombras sobre el Papa Francisco
Carlos Eduardo Díaz
Periodista
El Papa Francisco ha
muerto. La Historia, tarde o temprano, suele juzgar a los grandes protagonistas
del mundo. A veces su juicio es justo, a veces —sobre todo en tiempos en los
que existen tantos temas tabúes como ahora— es por demás severo. Sin embargo, para
poder analizar de forma más o menos objetiva el legado de los grandes
protagonistas de la Historia, es necesario recurrir al contexto.
Hay que advertir, desde
luego, que a todo hombre de cierta relevancia lo rodean decenas de miles de
detractores que lo odian por el simple hecho de ser quien es y de ejercer el
cargo que ostenta. Este es el caso de no solo del Papa Francisco, sino de cualquier
Obispo de Roma.
Aunque la fe católica
indica que el Espíritu Santo es el gran elector en un cónclave, y, por tanto, cada
pontífice está ahí porque la voluntad de Dios así lo decidió, lo cierto es que
todo el proceso se lleva a cabo mediante conversaciones, acuerdos y alianzas. La
identidad de un nuevo Papa responde no solo a las preocupaciones de la Iglesia en general,
sino a las preocupaciones de los grupos que ejercen el poder dentro de la
Iglesia en particular.
Después de un papado
largo, por ejemplo, suele ser elegido un Papa de mayor edad, con lo cual se
busca un papado corto, de transición. Si la Iglesia enfrenta un escándalo, se
buscará que la ideología del nuevo encargado del Trono de San Pedro responda
como la jerarquía eclesial lo espera. A esto se debe la llegada de pontífices
dogmáticos y conservadores o liberales y cercanos a las causas sociales.
El que Francisco haya
sido Papa no se debió a la casualidad, sino a la Historia.
Juan Pablo II (1978-2005)
no solo fue un Papa sumamente amado por los fieles, sino muy relevante dentro
de los sucesos geopolíticos que sucedieron durante su mandato. La caída de la
Unión Soviética, por ejemplo, no se entendería sin la influencia que ejerció en
su natal Polonia, lo cual tuvo repercusiones en el sindicato Solidaridad y, a
manera de fichas de dominó, derivó en la caída del Muro de Berlín y el derrumbe
del bloque soviético. No obstante, sus últimos años se opacaron debido a las sospechas
que cayeron sobre él relacionadas con supuestos encubrimientos de abusos
sexuales cometidos por clérigos de todo el mundo, en particular por el mexicano
Marcial Maciel; también, por los escándalos del Banco Vaticano y por sus
relaciones con algunas de las dictaduras de América Latina y Europa del Este.
No sorprendió demasiado
que, tras su muerte, asumiera el Papado el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto
de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a quien, ideológicamente, se le
consideraba el alma gemela de su antecesor. Ratzinger fue, de hecho, el severo
guardián de la doctrina tradicional de la Iglesia, particularmente en la
negativa de reconocimiento de las uniones homosexuales. Benedicto XVI, a diferencia
de Juan Pablo II, fue un pontífice más teólogo, reservado y centrado en la
doctrina.
Sin embargo, no dejará de
llamar la atención su renuncia al Papado, lo cual dio pie a la llegada del
argentino Jorge Mario Bergoglio, quien desde un principio hizo suya la causa
por los más humiles, al grado de elegir por nombre el de Francisco, el famoso
santo de Asís que encabezó una importante reforma dentro del catolicismo.
Su frase “Quién soy yo
para juzgarlos”, sin lugar a duda, será uno de sus grandes testamentos, pues, aunque
las uniones entre personas del mismo sexo siguen (y seguramente seguirán) sin
reconocimiento eclesial, el hecho de mostrarse tolerante y amoroso ante esta
comunidad, sentó un precedente.
Muchos lo admiran, otros
muchos lo repudian. Cada uno habla como le fue en la feria, y el inevitable
destino de los protagonistas de la Historia es, precisamente, no pasar
inadvertido.
¿Quién será el siguiente
Papa? Dependerá, desde luego del Espíritu Santo, pero sobre todo del análisis
social que tenga entre manos el Colegio Cardenalicio. La identidad del nuevo
pontífice va a depender de las necesidades sociales que, el grupo que ejerza
mayor poder dentro de la Iglesia, deseé enfrentar con urgencia.
* Imagen tomada de internet
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