Coatlicue, nuestra madre
Este monolito representa
a Coatlicue, "La que tiene su falda de serpientes". Hallada en la
Antigua Plaza Mayor, hoy Plaza de la Constitución o Zócalo de la Ciudad de
México el 13 de agosto de 1790, se encuentra actualmente en el Museo Nacional de
Antropología e Historia. Como dato curioso hay que decir que ese día —13 de
agosto— se recordaba un aniversario más de la caída de la ciudad de
Tlatelolco, lo cual significó el fin del gran señorío mexica.
Pues bien, la historia de
Coatlicue viene muy al caso este día, 10 de mayo, precisamente por lo que
estamos celebrando: el Día de las Madres.
Según los antiguos mitos,
Coatlicue fue madre del dios principal de los mexicas, Huitzilopochtli. Por ser
la diosa de la fertilidad, a Coatlicue también se le llamó Tonantzin (Nuestra
Venerada Madre o Nuestra Madre) o bien, Teteoinan (Madre de los dioses).
La historia cuenta que,
mientras se encontraba barriendo un templo ubicado en Coatepec (Cerro de la
serpiente), cerca de Tollan (que tal vez sea Teotihuacan o Tula), descendió del
cielo un ovillo de plumas muy hermosas y finas. Coatlicue lo recogió y lo guardó
entre sus ropas. Después de un rato, cuando lo buscó, se dio cuenta de que
había desaparecido. En ese momento quedó embarazada.
Este hecho encolerizó a
los cuatrocientos hijos de Coatlicue, quienes, encabezados por la hermana
principal, Coyolxauhqui, planearon asesinar a su madre para vengar la deshonra.
Huitzilopochtli, desde el
vientre de su madre, se dio a la tarea de tranquilizarla con palabras de
consuelo. “No temas, yo sé lo que tengo que hacer”. Cuando sus
hermanos se acercaban, dispuestos a cumplir con su sangrienta venganza, el
imbatible dios nació, se revistió como un gran guerrero y mató primero a su
hermana y después a la mayor parte de sus hermanos. Los que lograron sobrevivir
huyeron hacia el sur; de ahí que se les conozca como “surianos”. El arma que
Huitzilopochtli utilizó en su contra fue la xiuhcóatl o serpiente de fuego, es
decir, el rayo de sol matutino que dispersa las tinieblas de la noche.
A Coyolxauhqui la
decapitó. Su cuerpo rodó desde lo alto de Coatepec. Al caer, se desmembró por
completo. Su torso, sus piernas, sus brazos quedaron esparcidos.
El Templo Mayor era una
representación de Coatepec, de ahí su gran tamaño. En la cima, se encontraba la
imagen de la diosa Coatlicue al lado de la de su hijo Huitzilopochtli. Justo en
la base de la escalinata descansaba el gran monolito de Coyolxauhqui. El simbolismo era
claro: el vencedor, en la cúspide, la derrotada, en el suelo: el cielo contra
el inframundo. Cuando un hombre era sacrificado, arrojaban su cuerpo desde lo
alto; caía rodando por las escalinatas hasta estrellarse en esta enorme figura.
Se trataba de una alegoría religiosa o de un rito que conmemoraba la primera
gran victoria de Huitzilopochtli.
Fue precisamente el
monolito de Coyolxauhqui el que encontraron los trabajadores de la compañía de
Luz y Fuerza del Centro aquel 21 de febrero de 1978 mientras realizaban
excavaciones. La diosa se encontraba al pie de la escalera derecha del Templo
Mayor. El descubrimiento desencadenó todo el proyecto de rescate de este
importante recinto que durante siglos permaneció escondido y cuyas ruinas ahora
podemos apreciar en el centro de la capital del país.
Feliz 10 de mayo para todas las madres mexicanas.
* Imágenes tomadas de internet
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