Coatlicue, nuestra madre

Carlos Eduardo
Periodista

Este monolito representa a Coatlicue, "La que tiene su falda de serpientes". Hallada en la Antigua Plaza Mayor, hoy Plaza de la Constitución o Zócalo de la Ciudad de México el 13 de agosto de 1790, se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Como dato curioso hay que decir que ese día —13 de agosto—  se recordaba un aniversario más de la caída de la ciudad de Tlatelolco, lo cual significó el fin del gran señorío mexica.




Pues bien, la historia de Coatlicue viene muy al caso este día, 10 de mayo, precisamente por lo que estamos celebrando: el Día de las Madres.

Según los antiguos mitos, Coatlicue fue madre del dios principal de los mexicas, Huitzilopochtli. Por ser la diosa de la fertilidad, a Coatlicue también se le llamó Tonantzin (Nuestra Venerada Madre o Nuestra Madre) o bien, Teteoinan (Madre de los dioses).

La historia cuenta que, mientras se encontraba barriendo un templo ubicado en Coatepec (Cerro de la serpiente), cerca de Tollan (que tal vez sea Teotihuacan o Tula), descendió del cielo un ovillo de plumas muy hermosas y finas. Coatlicue lo recogió y lo guardó entre sus ropas. Después de un rato, cuando lo buscó, se dio cuenta de que había desaparecido. En ese momento quedó embarazada.

Este hecho encolerizó a los cuatrocientos hijos de Coatlicue, quienes, encabezados por la hermana principal, Coyolxauhqui, planearon asesinar a su madre para vengar la deshonra.

Huitzilopochtli, desde el vientre de su madre, se dio a la tarea de tranquilizarla con palabras de consuelo. “No temas, yo sé lo que tengo que hacer”. Cuando sus hermanos se acercaban, dispuestos a cumplir con su sangrienta venganza, el imbatible dios nació, se revistió como un gran guerrero y mató primero a su hermana y después a la mayor parte de sus hermanos. Los que lograron sobrevivir huyeron hacia el sur; de ahí que se les conozca como “surianos”. El arma que Huitzilopochtli utilizó en su contra fue la xiuhcóatl o serpiente de fuego, es decir, el rayo de sol matutino que dispersa las tinieblas de la noche.

A Coyolxauhqui la decapitó. Su cuerpo rodó desde lo alto de Coatepec. Al caer, se desmembró por completo. Su torso, sus piernas, sus brazos quedaron esparcidos.




El Templo Mayor era una representación de Coatepec, de ahí su gran tamaño. En la cima, se encontraba la imagen de la diosa Coatlicue al lado de la de su hijo Huitzilopochtli. Justo en la base de la escalinata descansaba el gran monolito de Coyolxauhqui. El simbolismo era claro: el vencedor, en la cúspide, la derrotada, en el suelo: el cielo contra el inframundo. Cuando un hombre era sacrificado, arrojaban su cuerpo desde lo alto; caía rodando por las escalinatas hasta estrellarse en esta enorme figura. Se trataba de una alegoría religiosa o de un rito que conmemoraba la primera gran victoria de Huitzilopochtli.

Fue precisamente el monolito de Coyolxauhqui el que encontraron los trabajadores de la compañía de Luz y Fuerza del Centro aquel 21 de febrero de 1978 mientras realizaban excavaciones. La diosa se encontraba al pie de la escalera derecha del Templo Mayor. El descubrimiento desencadenó todo el proyecto de rescate de este importante recinto que durante siglos permaneció escondido y cuyas ruinas ahora podemos apreciar en el centro de la capital del país.

Feliz 10 de mayo para todas las madres mexicanas.


* Imágenes tomadas de internet

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