León XIV, símbolos y esperanzas
Carlos Eduardo Díaz
Periodista
Al final, como se tenía
previsto, fue un cónclave breve. En el segundo día, luego de solamente cuatro
rondas de votación, los cardenales eligieron a Robert Francis Prevost como nuevo
Papa. La brevedad del cónclave —como ha ocurrido en las últimas ocasiones— habla
de consensos al interior del Colegio Cardenalicio. Al menos dos tercios de los
participantes están de acuerdo sobre cuál es el rumbo que la Iglesia debe
seguir y quién es el hombre indicado para conducirla.
Aunque tendremos que
esperar sus palabras y sus acciones para saber con certeza cuál será su forma
de gobernar la Iglesia y relacionarse con el mundo, podemos, por lo pronto, interpretar los símbolos que lo
rodean.
Robert Prevost tiene 69
años. Es un hombre joven. Esto indica que la apuesta de los cardenales es por
un papado largo —diez, quince años, tal vez más—. Él será el encargado de
llevar a la Iglesia hacia la primera mitad del siglo XXI, lo cual no será tarea
sencilla, ante los retos que enfrenta.
El primero de ellos es la
pérdida de fieles, lo cual es, sin duda, reflejo de su pérdida de credibilidad sumado a los escándalos.
Sin embargo, cabe decir que a la Iglesia le va mejor en tiempos de crisis que
en tiempos de cordialidad. De hecho, parte importante de su esencia es estar en
crisis. En medio de las crisis, el diálogo y el consenso han conducido a la
fortaleza. Prevost indudablemente lo sabe.
Por otro lado, aunque se
trata del primer Papa nacido en los Estados Unidos, es hijo de migrantes y la
mayor parte de su labor la ha realizado como misionero en el Perú, un país en
el que permaneció tanto tiempo y que tanto lo marcó que incluso, en 2015,
Francisco lo nombró obispo de la diócesis de Chiclayo y ese mismo año obtuvo la
nacionalidad peruana.
A todas luces, Prevost no
es el clásico estadounidense. De hecho, al interior de la Curia se le conocía
como el menos estadounidense de los estadounidenses, lo cual se antoja que
pueda ser un motivo de cercanía con el beligerante Donald Trump, pero con una
postura crítica, particularmente en temas sensibles como la migración y los derechos
humanos, con especial énfasis en las minorías marginadas a las que Trump se
empeña en aplastar.
Su labor en el Perú fue interrumpida, apenas hace dos años, por el propio Francisco, quien lo llevó a Roma y lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, elevándolo a la vez a la dignidad de arzobispo. Esto sugiere que, de algún modo, comparte la visión de su antecesor en cuanto a los temas sociales que el mundo, y particularmente América Latina, enfrentan. Su formación académica, por otro lado, es interesante. Obtuvo en la Universidad Villanova el grado en Ciencias Matemáticas, junto con una especialización en Filosofía, y una maestría en Divinidad en la Unión Teológica Católica de Chicago, además de estudios en Derecho Canónico. Todo esto sugiere que es un hombre de pensamiento, pero también de acción. Su pontificado podría balancear la teología con la pastoral, lo cual era una de las preocupaciones de los cardenales: más teología, como Benedicto XVI, pero sin olvidar la acción pastoral, al modo de Francisco. Estaríamos ante un intento del Vaticano por acercarse a los sectores conservadores de la Iglesia que se alejaron con Francisco.
Al ser el segundo Papa
americano, es una señal de que los cardenales reconocen que la mayor fuerza de la Iglesia (también por la cantidad
de católicos) ya no se encuentra en Europa, sino en nuestro
continente.
El que haya elegido León
XIV como su nombre, también es interesante. Dentro del cristianismo, el león simboliza
la fuerza, pero también la denuncia. Al evangelista Marcos se le asocia con este
animal porque su Evangelio comienza hablando de Juan el Bautista como la voz
que clama en el desierto. Su voz es fuerte como rugido de león. Dentro del
cristianismo, el león es sinónimo de profeta, y el profeta es quien anuncia y
denuncia. Simbólicamente, esto abre la esperanza de que el Pontífice se
convierta en la voz que, ante los conflictos, ante los gobiernos populistas de
corte autoritario, ante los excesos del presidente Trump, sea quien levante la
voz para denunciar las injusticias. Esto se apoya al constatar que Robert
Francis fue un crítico severo de los excesos del entonces presidente del Perú Alberto
Fujimori, y del drama de los peruanos ante los escenarios de violencia provocados
por la guerrilla de Sendero Luminoso.
Por último, es importante
destacar que prácticamente todos los Papas que han elegido el nombre de León
han tenido una marcada vocación por la paz, desde León I (440-461), quien dialogó
con Atila el Huno en 452 y lo convenció de no saquear Roma.
Su antecesor, por nombre,
es León XIII, uno de los Papas más importantes de la historia. Me parece que en
esta figura radica la señal más importante hasta ahora.
León XIII fue el promotor
de la Doctrina Social de la Iglesia, en especial gracias a su encíclica Rerum
Novarum (1891), en la que abordó las condiciones de los trabajadores en el
contexto de la Revolución Industrial. Se trata de un documento fundamental en
el que se defienden los derechos de los trabajadores, se aboga por condiciones
laborales más humanas y se insiste en que, tanto patrones como empleados, tienen
los mismos derechos y las mismas responsabilidades La Rerum Novarum, de
hecho, marcó el comienzo de la doctrina social moderna de la Iglesia.
Pero León XIII fue más
allá. Luchó por llevar a la Iglesia hacia la modernidad, se empeñó en
establecer relaciones de cordialidad entre el Vaticano y los demás Estados,
promovió la educación y la cultura, y utilizó el poder del papado para
establecerse como autoridad moral frente a las turbulencias políticas y
sociales de la época, especialmente la creciente secularización y los
movimientos antirreligiosos.
Todo Papa siempre levantará sospechas, tendrá detractores y enemigos gratuitos, sin embargo, en un contexto mundial
marcado por los conflictos en Chechenia, Medio Oriente, los inevitables pero riesgosos
procesos de cambio que están provocando los exabruptos de Donald Trump, y que
significan un reacomodo internacional, y la llegada de una Inteligencia
Artificial que abre posibilidades ilimitadas, pero que también conlleva la
potencial pérdida de empleo para millones de personas, los símbolos que hemos
estado viendo son, definitivamente esperanzadores. Pero, sin duda, el principal
de todos ellos es el hecho de que León XIV, haya empezado su primer discurso
público con las palabras “La paz esté con ustedes”, y que haya incluido algunas
frases en español, resultan refrescantes.
El tiempo dirá lo demás.
* Imagen tomada de internet
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