LA NOCHE TRISTE-LA NOCHE VICTORIOSA
Carlos Eduardo Díaz
Periodista
El día de hoy, 30 de junio, se cumplen 505 años del acontecimiento conocido como "La noche triste" o, bajo los nuevos esquemas, "La noche victoriosa".
Les comparto los párrafos de mi libro "Guadalupe. La Virgen florida" en los cuales narro este hecho. Antes, sin embargo, un poco de contexto:
Hernán Cortés llegó como emisario del embajador de Cuba, Diego Velázquez, al actual territorio mexicano. No obstante, en cuanto puso un pie en esta tierra, decidió romper relaciones con él y obedecer única y directamente al rey de España. Encolerizado por la traición, Velázquez encomendó a Pánfilo de Narváez para que lo encontrara y lo apresara. Sin embargo, el conquistador actuó rápido: enterado de que era perseguido, salió al encuentro de Narváez, quien, sorprendido, se rindió y se le unió.
El error de Cortés fue dejar Tenochtitlan en manos de Pedro de Alvarado, quien ordenó una matanza de nobles mexicas, por lo que fueron sitiados en el palacio de Axayácatl, donde se encontraban hospedados. En este punto, Cortés regresó a la ciudad y exploró con preocupación sus opciones.
Ahora sí, vayamos al libro:
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A kilómetros de distancia, en Tenochtitlan, las cosas no pintaban mejor. Mientras los mexicas celebraban su festividad religiosa en honor a Huitzilopochtli, para la cual habían recibido el visto bueno de Pedro de Alvarado, se desató la masacre. El propio Alvarado ordenó cerrar las puertas y comenzar a asesinar a los mexicas. “Dieron un tajo al que estaba tañendo el tambor, le cortaron ambos brazos y luego lo decapitaron. Lejos fue a caer su cabeza cercenada. Otros comenzaron a matar con lanzas y espadas; corría la sangre como el agua corre cuando llueve, y todo el patio estaba sembrado de cabezas, brazos, tripas y cuerpos de hombres muertos”, recuerda Sahagún.
Ante la matanza, se agotó la paciencia de los mexicas. Continúa Sahagún: “En ese momento un sacerdote vino a dar de gritos, apresurado decía a grandes voces: ¡Mexicanos! ¿No que no en guerra? Capitanes, mexicanos, venid acá, que todos armados vengan: ¡sus insignias, escudos, dardos! Venid acá de prisa, corred, muertos son los capitanes, han muerto nuestros guerreros, han sido aniquilados. Entonces se oyó el estruendo, se alzaron gritos, y el ulular de la gente que se golpeaba los labios. Y entonces la batalla comienza”.
Tratando de calmar los ánimos, Moctezuma se asomó por un balcón. La versión española afirma que murió apedreado por sus propios súbditos; la versión de los vencidos, en cambio, asegura que los conquistadores lo atravesaron a traición con una lanza o tal vez con una espada.
“Queríamoslo tanto, y de tan buenas entrañas que a nosotros de verle llorar se nos enternecieron los ojos, y hubo soldados que lloraban tanto, porque era tanto el amor que le teníamos”, había escrito Bernal Díaz del Castillo sobre Moctezuma días antes.
Al momento de su muerte, prácticamente todo el pueblo repudiaba a Moctezuma, incluso poco antes habían elegido un sucesor: Cuitláhuac, hermano de Moctezuma y señor de Iztapalapa, quien comandó la expulsión de los españoles. A causa de la viruela, no obstante, su gobierno duró sólo ochenta días.
A su regreso, Cortés se encontró con la furia desatada en Tenochtitlan. Aprovechando la noche, el ejército invasor trató de huir. Intentaron llevarse el tesoro que se mantenía oculto en el palacio; piezas de oro, joyería, todo lo que estaba al alcance de sus manos. Tanto peso llevaban, que los puentes se hundían a su paso.
Era la noche del 30 de junio de 1520, la famosa Noche Triste. Ochenta tamemes (cargadores) tlaxcaltecas llevaban todas las riquezas que recién habían saqueado. Iban escoltados por delante y por detrás por peones, soldados y jinetes. Tan importante era su carga que los españoles arriesgaban todo para asegurarla, pero no llegaron muy lejos cuando fueron descubiertos. Enseguida sonó la voz de alarma y la gran batalla comenzó.
“Una mujer que sacaba agua los vio, y al momento alzó el grito y dijo: Mexicanos… andad hacia acá: ya se van, ya van traspasando los canales vuestros enemigos…”, recuerda Sahagún. Y después: “Luego se ponen en plan de combate los que tienen barcas defendidas, siguen, reman afanosos, azotan sus barcas, otros también fueron a pie […] Lanzan sus dardos contra los españoles, de uno y otro lado los dardos caían, pero los españoles también tiraban a los mexicanos, lanzaban dardos, tiros de arcabuz…”.
“No sé para qué lo escribo aquí tan tibiamente, porque unos tres o cuatro soldados que se habían hallado en Italia, juraron muchas veces a Dios que guerras tan bravosas jamás habían visto”, escribió Bernal Díaz.
Los españoles, tlaxcaltecas y totonacas que lograron escapar se dirigieron a la calzada de Tlacopan. Cuando amaneció, estaban por el rumbo de Popotla. La leyenda cuenta que justo ahí, bajo en frondoso ahuehuete, Cortés se detuvo a llorar por la derrota.
“Cortés a esto se paró, y aun se sentó, y no a descansar, sino a hacer duelo sobre los muertos”, escribió Francisco López de Gómora. Bernal Díaz agrega: “Mirábamos toda la ciudad y los puentes y calzadas por donde salimos huyendo; y en ese instante suspiró Cortés con una gran tristeza, muy mayor a la que antes traía por los hombres que le mataron antes […] Acuérdome que entonces le dijo un soldado: ‘Señor capitán, no esté vuestra merced tan triste, que en las guerras estas cosas suelen acaecer’ y Cortés le dijo que ya veía cuántas veces había enviado a México a rogarles con la paz”.
En sus cartas al rey, el conquistador siempre afirma que buscó la paz, siempre la paz. “Di muchas razones, rogándoles que no peleasen conmigo pues ninguna razón para ello tenían, y que mirasen las buenas obras que de mí habían recibido y como habían sido muy bien tratados por mí”.
Sin embargo, asegura Bernal Díaz: “la tristeza no la tenía por una sola cosa, sino en pensar en los grandes trabajos que nos habría de costar apoderarnos de ella”; de aquella gran ciudad de donde habían sido expulsados. Según Cortés, esa noche murieron 150 soldados españoles; según Bernal Díaz, 870. Cálculos modernos estiman que fallecieron alrededor de 600 europeos y 900 tlaxcaltecas.
Durante la Noche Triste, no obstante, sucedió algo que resultaría en extremo relevante para el futuro de la región: los españoles torturaron y asesinaron a Cacama. Aunque aún no lo sabían, con esta acción acababan de apoderarse de Texcoco y de fragmentar la Triple Alianza.
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Imágenes tomadas de internet.
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