Sagrario Metropolitano de la Ciudad de México

Carlos Eduardo Díaz

Periodista



Este es el Sagrario Metropolitano de la Ciudad de México. Como era común en los templos de la Nueva España, el sagrario —el lugar que resguarda la Eucaristía— constituye un recinto separado, independiente del templo principal. En este caso, la Catedral Metropolitana. En este recinto se atendía a los fieles que acudían a misa diaria y se impartían los sacramentos, especialmente la confesión y la comunión. Aunque la Catedral contaba con sus propios altares, el Sagrario (del latín "sacrarium", que significa "lugar sagrado" o "santuario) funcionaba como una capilla parroquial.

 


La construcción que podemos ver no es la original. Anteriormente existió otra, más modesta, integrada a la antigua Catedral, pero que fue sustituida porque ya no satisfacía las necesidades debido al creciente número de fieles y a la ambición estética del cabildo catedralicio. De este modo, el Sagrario actual fue levantado entre 1749 y 1768.

 

Aunque su fachada es de cantera (llena de motivos vegetales, ángeles, nichos, medallones y símbolos eucarísticos que representan el triunfo de la Iglesia y la devoción al Santísimo), sus muros son rojos, elaborados con tezontle. Esta piedra era muy importante en la arquitectura prehispánica. Para empezar, se trata de un material poroso y liviano, el cual, gracias a su ligereza, era muy sencillo de trasladar en grandes cantidades. Al requerir menos esfuerzo, podía subirse con facilidad a las estructuras de gran altura, como las pirámides.

 

Igualmente, al provenir de la actividad volcánica de la región del Valle de México, el tezontle era abundante y accesible. Su presencia en las cercanías de otros sitios, como Teotihuacan y Cholula lo convirtió en un material básico de construcción.

 

Por si no bastara, por su estructura porosa actúa como aislante térmico, lo cual ayudaba a mantener temperaturas más estables en los interiores de las edificaciones. Asimismo, podía cortarse y tallarse con relativa facilidad, lo que permitía su uso tanto en el relleno estructural como en muros, escalones y recubrimientos decorativos. En muchas pirámides, el tezontle se usaba como núcleo, y se recubría con piedra más dura o estuco.

 

Finalmente, su color rojo tenía connotaciones simbólicas en las culturas mesoamericanas, relacionadas con el fuego, la sangre, el sol y los sacrificios. Su uso en los templos y pirámides, dedicados a deidades como Huitzilopochtli reforzaba el carácter sagrado de estas edificaciones.

 

En el caso del Sagrario, el rojo recuerda la sangre de Cristo, aunque también el color del vaso de la veladora que arde junto a la hostia consagrada (esta veladora se llamaba tercerilla, según la misa tridentina que se celebraba durante el virreinato).

 

El Sagrario, sin embargo, esconde un tesoro aún más especial, pues debajo de él, y utilizada como cimiento, se encuentra una pirámide (teocalli) mexica, parte de los edificios del recinto sagrado del Templo Mayor. Aunque el acceso es restringido, es posible ingresar, pasando prácticamente en cuclillas por los túneles excavados con fines de restauración y para detener el hundimiento.

 

Esta es la clase de cosas que les platico durante los "Recorridos de historias y leyendas" que ofrezco por el Centro Histórico, la Basílica de Guadalupe, Coyoacán, Tlalpan, entre otros destinos. Estoy preparando uno nuevo. Estén pendientes.

 

Para mayor información, escriban a 3carloseduardo1 @gmail.com




Comentarios

Entradas más populares de este blog

EL BAILE DE LOS 41

Las Primeras Damas mexicanas: símbolo, estatus y oficio

EL CINEMATÓGRAFO LLEGA A MÉXICO