LA CRUZ ATRIAL: APORTACIÓN DEL MÉXICO VIRREINAL
Carlos Eduardo Díaz
Periodista
Uno de los aportes más singulares del periodo novohispano —impulsado en gran medida por las órdenes de frailes mendicantes como franciscanos, dominicos y agustinos— fue la creación de las cruces atriales, concebidas como un recurso clave para la evangelización en la Nueva España.
Estas cruces se colocaban en el atrio de los templos, espacio abierto donde se congregaban los indígenas para participar en ceremonias religiosas al aire libre, especialmente en los primeros años tras la Conquista, cuando el acceso al interior de las iglesias era limitado. Además de su función devocional, las cruces marcaban simbólicamente el centro espiritual y, en muchos casos, también el núcleo urbano de la comunidad.
En un inicio fueron elaboradas en madera, pero con el tiempo se tallaron en piedra, lo que permitió una mayor riqueza iconográfica. Aprovechando la destreza de los artesanos indígenas, los frailes promovieron la incorporación de complejos programas simbólicos relacionados con la Pasión de Cristo. Al centro solía aparecer el rostro de Jesús, y en la parte superior la inscripción INRI (IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM: “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”).
Alrededor de la cruz se distribuían diversos instrumentos de la Pasión —conocidos como Arma Christi— como los tres clavos, el martillo, la escalera, la columna de la flagelación, el gallo que cantó tras la negación de Pedro, la corona de espinas, los dados con los que los soldados se jugaron sus vestiduras, e incluso elementos simbólicos como la flor de lis. En algunos casos, estos relieves incorporan rasgos propios del arte indígena, dando lugar a un interesante sincretismo entre tradiciones europeas y mesoamericanas.
No existen dos cruces atriales idénticas: cada una refleja las condiciones locales, la mano de sus artífices y las intenciones particulares de quienes las encargaron.
La imagen que presento a continuación se encuentra en la iglesia de San Jacinto, en el tradicional barrio de San Ángel, y constituye uno de los ejemplos más representativos de este tipo de monumentos en el centro de México.
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